Nos sentíamos como auténticos pioneros


Este año, GFT celebra un aniversario histórico. Ya han pasado 30 años desde que la empresa, que hoy cuenta con 5000 trabajadores, se fundara en la pintoresca localidad de St. Georgen, en la Selva Negra. Uno de los primeros empleados de GFT es Rolf Rebmann. Se unió al equipo de GFT tres años después de su fundación y ha permanecido fiel a la empresa desde entonces. Hemos hablado con él sobre su trayectoria en GFT y nos ha explicado qué considera más destacado después de tres décadas en la empresa.

Hola, Rolf. Se podría decir que llevas casi toda la vida en GFT. La compañía se fundó en 1987 y tú te incorporaste en 1990. ¿Cómo llegaste a GFT?

En el centro tecnológico de St. Georgen existía una especie de alianza entre varias empresas y yo había estado trabajando en una de ellas desde 1989. Estas empresas trabajaban en una serie de proyectos que confluían, por lo que todos nos conocíamos y yo ya estaba familiarizado con el nombre de GFT. Trabajaban con tecnologías completamente nuevas y emocionantes como interfaces gráficas, TCP/IP, Unix y C++.

Cabe mencionar que, a finales de la década de 1980, eran pocos los que tenían conocimientos sobre interfaces gráficas o TCP/IP; hay que recordar que Windows 3.11 no llegaría hasta 1994. En aquella época, muchas empresas trabajaban con terminales MS-DOS o ASCII, que estaban conectadas a un ordenador central. En St. Georgen empezaron a trabajar con TCP/IP desde el principio. Supongo que intuían que este iba a ser el protocolo del futuro, pero está claro que aún no era definitivo.

Yo era algo así como un comodín y me gustaba trabajar en muchas áreas diferentes, así que cambié a GFT. Me convertí en programador, planificador de redes, administrador del firewall y asesor de TI, todo en uno. El ambiente en St. Georgen era de que “allí se estaba haciendo algo grande”. Trabajábamos en equipos pequeños y comprometidos; nos sentíamos como verdaderos pioneros que sabían al 150 % que estas tecnologías nos estaban llevando por el buen camino.

Rolf (derecha) en el centro de datos de GFT en St. Georgen.

Conoces GFT desde hace muchos años, tienes una dilatada experiencia y probablemente también habrás trabajado con muchísima gente de países distintos. ¿Cómo describirías tu paso por GFT después de aquel periodo inicial?

Pasamos de ser una empresa pequeña, pero altamente innovadora, del sudoeste de Alemania a convertirnos en una compañia que actuaba a escala europea y que luego se transformó en una empresa posicinada a nivel global muy fuerte. El internet y GFT se desarrollaron a la par hasta lograr un alcance global. Esto fue importante, fue el paso correcto. Como se suele decir: «¡La red lo cambia todo!». Un buen ejemplo de esto es la estructura de los equipos y departamentos: somos internacionales.

Cuando miro hacia atrás y pienso en ello, me parece increíble cómo ha cambiado GFT. Es una fabulosa historia de éxito con muchas facetas diferentes: con un enorme compromiso, pasión sincera y muchas noches de trabajo. Y estoy seguro de que habrá más cambios en el futuro.

¿Qué es lo que más recuerdas de tu trayectoria en GFT? ¿Qué ha sido lo mejor para ti?

Ha habido muchas cosas buenas. Lo primero que me viene a la mente es la instalación del primer firewall de GFT a finales de 1994/principios de 1995 en la línea dedicada de 2 Mbit en St. Georgen. Además, mi primera hija nació en 1995, por lo que fue muy emocionante por dos razones J

Hay otros dos momentos más que destacar. Uno fue la fundación e inauguración del centro corporativo en Berlín, a principios de 2001. Después de la oferta pública de venta (OPV) de GFT, el plan de Uli Dietz era establecer en Berlín estas oficinas tan especiales, que se decoraron con obras de arte de lugares como el Centro de Arte y Tecnología (ZKM) de Karlsruhe, (donde se celebró el CODE_n new. New Festival el año pasado). El equipo de planificación estaba formado por Uli Dietz, el director de oficina en ese momento, nuestros arquitectos y yo. Después de la OPV y con el auge de internet a la vuelta de la esquina, la gran idea era izar la bandera de GFT en la nueva capital alemana, con una decoración interior realmente especial y actividades poco habituales, y eso es lo que conseguimos. Esto hizo que la gente hablara de nosotros. Nunca olvidaré aquel increíble lugar y la ceremonia de inauguración. Entonces llegó el auge de internet y ahí estaba GFT, justo en el medio.

Otro momento destacado personal fue la planificación y puesta en marcha del nuevo centro de datos en St. Georgen a principios de 2016. El cometido consistía en configurar el nuevo DCSTG (del inglés, Data Center St. Georgen) paralelamente a la antigua infraestructura del centro informático sin poner en peligro ninguno de los procesos que se estaban ejecutando a través del centro de procesamiento de datos existente. ¡Y lo conseguimos! Instalar semejante centro informático en un edificio existente es un desafío enorme, por lo que hubo algunas sorpresas. Seguir contando con contactos sólidos en el centro tecnológico después de tantos años fue de gran ayuda. Con el apoyo de los planificadores, pude aprovechar todos mis años de experiencia en TI, por lo que todo fluyó hacia la planificación y la implementación. He de admitir que estoy muy orgulloso de ello.

Con tantos momentos especiales para ti, ¿qué es lo que realmente te gusta de trabajar en GFT?

Diría que hay tres aspectos que aún me fascinan como al principio.

El primero es que me gusta trabajar en equipo. Para mí es muy importante trabajar con gente más joven que yo. Podemos aprender mucho los unos de los otros y eso es algo de lo que se beneficia todo el mundo. También puede ser muy divertido. Si todos vamos en la misma dirección y a nadie le supone un problema emprender algo que parece que vaya a ser una «lata», se pueden llevar a cabo proyectos complejos. Y si, además, los equipos son internacionales, la cosa se pone muy interesante.

El segundo aspecto es que puedes estar en cualquier parte del mundo con conexión a internet, entrar en la red corporativa de GFT y empezar a trabajar.

El último sería la gran variedad de cosas diferentes que hacemos en GFT: me encanta. Soy bastante polifacético, por lo que, naturalmente, cambiar constantemente de tecnología puede suponer un gran desafío. El mercado de los centros informáticos y la tecnología de los edificios son muy innovadores. Los edificios inteligentes están en auge, por lo que tienes que asegurarte de estar siempre a la última en cuanto a evoluciones. También hay cambios continuos en las normas internacionales y en la certificación de centros de datos. Además, las conexiones con las redes de comunicación internacionales siguen siendo caóticas. Así que, ¡seguro que no nos vamos a aburrir!

Parece todo muy variado pero, ¿cómo es un día cualquiera para ti en St. Georgen?

Bueno, después del habitual café y de saludar a los compañeros, lo primero que hago es leer mi correo electrónico. Luego compruebo el estado actual del centro de datos en St. Georgen. Después hago cosas como actualizar y cambiar documentación o llamar al servicio técnico. Pero también están las revisiones de facturas que conllevan controles cruzados s con parámetros técnicos. Después de eso tengo un montón de reuniones por Skype y, en función de mis proyectos actuales, tenemos planificación de las infraestructuras, en este caso para el nuevo edificio de Eschborn, en el que estamos trabajando ahora.

¡Gracias por tu tiempo, Rolf!