Joan Torras, Executive Delivery Manager de GFT USA: “Trasladarme a la sede de Nueva York ha sido el reto que buscaba”


Joan Torras

Joan Torras, Executive Delivery Manager de GFT USA, ha cambiado Barcelona por Nueva York, ciudad desde la que responde a nuestras preguntas sobre su experiencia personal y laboral en EEUU. Lleva ya tres años en la Gran Manzana y es uno de los muchos ejemplos de profesionales de GFT que, desde alguna de las sedes de España, ha salido a otros mercados para expandir el negocio del Grupo. En muchos casos, ocupan cargos de responsabilidad para otras filiales internacionales en Brasil, Reino Unido o, como en el caso de Torras, en EE.UU., demostrando que el talento español y catalán de GFT ha llegado muy lejos en esta compañía. 

Francisco Blas: ¿Cómo surgió, dentro de GFT, esta oportunidad profesional en Nueva York?

Joan Torras: En aquel momento, en Barcelona, era Delivery Manager en GFT para proyectos para un gran banco alemán en Reino Unido y EE.UU. La compañía buscaba alguna persona para la responsabilidad de Executive Delivery Manager desde Nueva York, con larga experiencia en la función de Delivery Manager en GFT, y que tuviera un buen networking, tanto en GFT en España como en Brasil. Yo encajaba en el perfil y me lo plantearon. Seguramente la pregunta vino en el momento adecuado, ya que también buscaba algún cambio en mi vida. El reto se plateaba más en lo personal y familiar ya que, en lo profesional, tenía confianza que podría realizar con éxito la función que se me pedía.

FB: ¿Cuáles eran los temas positivos y negativos que influyeron a la hora de tomar la decisión?

JT: La experiencia personal para mi familia y para mí era lo más positivo. En lo profesional, el poder volver a formar parte de algo pequeño que crece, donde tu nivel de responsabilidad es más directo y tu aportación más tangible. Respecto a lo negativo, poco. Incluso la incertidumbre de que todo fuera bien formaba parte de lo positivo. Era lo que hacía que el reto tuviera sentido.

FB: ¿Cómo fue la preparación de la marcha a Nueva York a nivel familiar?

JT: Un año antes de trasladarnos, vinimos con la familia para seleccionar la zona en que queríamos vivir. La experiencia de un compañero, que recorrió el mismo camino algunos años antes, fue de mucha ayuda. Básicamente, seguí sus pasos: lo que funcionó para él también debía funcionar para mí. Con este mismo planteamiento, en 2011, mi esposa y yo fuimos a Nueva York para encontrar apartamento. En un plazo de 5 días, escogimos lo mejor que encontramos dentro de la zona que queríamos por temas de escuela. Recuerdo esa semana con muchas incertidumbres y stress. Con el apartamento seleccionado, ya todo era más fácil. Un mes más tarde, viajamos con la familia. Llegamos 2 días antes de que el huracán Irene afectara a la ciudad. Fue muy “interesante” amueblar el piso con lo mínimo en dos días ya que el hotel donde estábamos se tenía que evacuar.

FB: ¿Te has arrepentido en algún momento de tomar esta decisión?

JT: No. No todo es positivo pero hay “retornos-de-inversión” que seguramente llegarán más adelante. Si han existido momentos complicados y difíciles, han estado dentro de lo esperado. Quería reto y lo he encontrado. No puedo quejarme de haber encontrado lo que buscaba.

FB: ¿Qué es lo que más os  gusta de Nueva York y lo que menos?

JT: Me gusta la actitud de la gente sin complejos, directa, sin miedos ni prejuicios… Me gusta esta autoestima y confianza. Lo que menos, seguramente el nivel superficial de la relaciones personales. En las relaciones sociales, a un nivel superficial son exquisitos y, si se llega a un nivel un más íntimo, son individualistas.

FB: Y sobre tu trabajo, ¿qué es lo que más valoras de trabajar allí?

JT: Noto que aporto, que influyo, que tengo una intervención decisiva en el dónde estamos y adónde vamos y, todo ello, en un entorno donde se confía en mí, donde se trabaja en equipo, con una estructura poco compleja, una comunicación muy abierta, honesta y constante. Desde un punto de vista de experiencia profesional, es difícilmente mejorable.

FB: ¿Qué diferencias ves entre Nueva York y Barcelona en la manera de trabajar?

JT: La oficina de GFT en  Barcelona, con casi 500 personas trabajando allí, es más grande, más organizada, más estructurada y, por todo eso, un poco más compleja. En Barcelona tienes más medios, más talento y puedes hacer grandes cosas pero debes invertir más tiempo y esfuerzo en implicar a una organización más compleja para conseguirlo. La sede de Nueva York, con unos 30 empleados, es mucho más pequeña. Al promover el cambio te ves expuesto a muchas más responsabilidades y experiencias. Aquí, además de mis responsabilidades en delivery, también tengo responsabilidades en infraestructura de oficina, recruitment  local, account management, etc. Cada experiencia te desarrolla y necesitas habilidades diferentes. Me gusta pensar que tengo skills para realizar mi trabajo tanto en Barcelona como en Nueva York y me sería imposible decir cuál es mejor. Seguramente todo tiene su momento y ahora estoy aquí.

FB: ¿Qué es lo que más echas de menos de trabajar en Barcelona?

JT: Pues echo de menos trabajar junto a otros compañeros y poder tener tertulias en GFT. En los primeros dos años, mi día a día ha sido muy solitario, con contacto con los equipos solo por teléfono y viajando. Eso es muy diferente de cómo trabajaba en Barcelona. Tener tu grupo de amigos, equipos con los que puedes comentar tus problemas o dudas en lo profesional también ayuda. Aquí te lo pasas todo solo. Seguramente esto te hace más autónomo y ejecutivo pero no me gustaría haber perdido habilidades en el trato más de persona a persona con la gente de los equipos. Por otro lado, lo que más echo de menos aquí es la familia y los paisajes: estar en un lugar que conoces te da una sensación de seguridad y relajación que no tengo en Nueva York.

FB: ¿Qué le dirías a cualquier profesional de GFT que esté barajando la opción de irse a trabajar a alguna otra sede de otro país?

JT: Pues que se lo piensen bien, que tengan muy claras las motivaciones para hacerlo y que exista mucha ilusión. Hay que analizar riesgos y asumirlos con responsabilidad. Si el movimiento implica a varias personas, que este análisis cubra a todos los afectados.  Que se escuche al corazón pero también a la razón. Y una vez tomada la decisión, que no se plantee la vuelta atrás como una opción viable.