Dirk Elsner: La regulación domina el cambio en el sector financiero


Con Dirk Elsner hemos conseguido contar con un experto en banca en materia de regulaciones del mercado financiero como autor invitado en nuestro blog. En una serie de artículos compartirá con nosotros su experiencia acerca de los desafíos regulatorios del mercado financiero. Profesionalmente trabaja como asesor para la compañía alemana Innovecs GmbH y también asesora a bancos y medianas empresas. En su vida privada es el autor del blog sobre economía Blick Log, que el año pasado recibió el reconocimiento como el mejor blog sobre finanzas en Alemania. Además, Elsner arroja luz sobre los cambios que se están produciendo en la banca en su columna del Wall Street Journal y comparte artículos acerca de dichas transformaciones en su blog bajo la categoría Next Generation Finance. Es todo un placer para nosotros dar la bienvenida a Dirk Elsner como autor invitado al blog de GFT

Dirk Elsner
Dirk Elsner, experto en banca en materia de regulaciones del mercado financiero, es nuestro blogger invitado.

Cuando comencé mi formación en un banco en 1983, las condiciones jurídicas generales aplicables a la banca aún no eran muy claras. En comparación con la situación actual, apenas había condiciones generales, tales como la ley sobre el régimen de crédito, los principios de liquidez y capital propio o la ley sobre el depósito de valores mobiliarios. En las pequeñas instituciones financieras había personas que contaban con una visión general de todas las principales regulaciones del mercado financiero y sabían qué hacer en un banco para cumplir con ellas.

Esta situación ha cambiado sustancialmente en los últimos 30 años. Si nos fijamos tan solo en los nuevos sistemas regulatorios para derivados OTC, nos queda más que clara la dimensión del cambio que se ha producido. Solamente el contenido de la “European Market Infrastructure Regulation” (regulación de infraestructuras del mercado europeo = EMIR), constituida por el Reglamento correspondiente de la UE, las leyes nacionales y otras disposiciones reglamentarias de control, podría superar al de todas las regulaciones del mercado financiero existentes hace 30 años. Asimismo, se requiere de toda una legión de expertos para extraer recomendaciones de actuación operativas.

Actualmente, las normativas regulatorias son las que dominan el cambio en la banca tradicional. SEPA, Basilea III, Finrep, IFRS 9 y 10, EMIR, FATCA, AIFM, MaRisk, código de inversiones de capital, blanqueo de capitales, reglamento de rating, impuesto de transacciones financieras, MiFID II, Mifir. Estos y otros marcos regulatorios intervienen profundamente en las tecnologías de la información, los procesos para clientes y tramitaciones, la gestión de riesgos, el registro y la contabilidad. Y esto no solamente precisa de un gran número de trabajadores y asesores externos en bancos. Las normativas regulatorias como SEPA y EMIR afectan directamente a empresas, mientras que Basilea III se aplica en cada caso de forma indirecta a través del endurecimiento de las exigencias con respecto a la financiación de las empresas.

Este aluvión de regulaciones es uno de los resultados de la crisis financiera en la que aún estamos inmersos. Sin embargo, cuando el ministro de hacienda alemán afirma que “La exagerada desregulación de los mercados financieros fue un error”, se trata de una afirmación con la que no estoy de acuerdo. De hecho, en la esfera pública predomina la tesis de que la crisis financiera fue provocada por la desregulación que tuvo lugar antes de 2007. En este sentido, no han sido pocas las dudas planteadas, y ha sido el Dr. Hartmut Bechtold quien las ha plasmado en su brillante artículo Gedanken zum Thema Ordnungspolitik und Finanzmarktregulierung (“Reflexiones sobre las políticas de ordenamiento y la regulación de los mercados financieros”). La supuesta desregulación no ha reducido ni el número de normativas ni el de trabajadores en las instituciones reguladoras; más bien al contrario, ya que ambos llevan creciendo desde antes de 2007.

Lamentablemente, la economía crediticia ha olvidado plantearse si la regulación es la “adecuada”. Aunque hay asociaciones que critican reglamentos como Basilea III, ya que reduce su competitividad internacional y la igualdad en el trato, se podría argumentar de una forma radicalmente opuesta, tal como hace Norbert Häring en su publicación en el diario económico alemán Handelsblatt Der Irrglaube an das Eigenkapital (“La creencia errónea sobre el capital propio”). En ella plantea algunas objeciones y afirma que: “A este respecto se debate en términos económicos si el beneficio del nuevo sistema de reglamentos supera sus costes en lo relativo a la mayor seguridad esperada ante situaciones de crisis”. Häring hace referencia a una aportación del economista francés Bernard Vallageas, en la que este afirma que antes de Basilea I, en 1988, apenas había crisis financieras. Posteriormente, a pesar de un régimen de control cada vez más estricto, se produjeron crisis financieras cada vez más graves. En una conversación recogida en el blog FAZIT del diario alemán FAZ (Frankfurter Allgemeine Zeitung), el economista Raghuram Rajan se pronunció a favor de la simplificación de las regulaciones. En ella se apunta a que una parte de los riesgos del mercado financiero se debe precisamente a la regulación.

Incluso las autoridades reguladoras se están distanciando cada vez más de algunas medidas regulatorias. Así, la crítica a BaFin en EMIR ha tenido ciertas repercusiones. En concreto, existe el temor de que se produzcan efectos secundarios como consecuencia de las exigencias de colateralización para derivados. EMIR exige que las posibles obligaciones de ciertos negocios con derivados se sustenten con medidas de garantía de primera clase. Dado que el material disponible de empréstitos de primera clase está limitado, los bancos y otros participantes del mercado deben procurarse esta medidas de garantía. Esto lo consiguen a través de, entre otras medidas, “la transformación colateral”; es decir, el intercambio de garantías, lo que les permite evitar así riesgos en áreas no reguladas.

Sin pretender profundizar en el tema, queda ya claro el típico esquema de las últimas décadas. En primer lugar, la regulación en las entidades financieras conduce a actividades concebidas para cumplir las exigencias. En segundo lugar, también se buscan nuevos modelos de negocio para poder seguir satisfaciendo las exigencias de los clientes. En última instancia, esto conduce a una “carrera armamentística” con los reguladores que desemboca en que los reglamentos son cada vez más amplios y sutiles. Hasta ahora, nadie ha podido argumentar de forma plausible que nuestro sistema financiero realmente haya pasado a ser más seguro y mejor con la regulación. Andrew Haldane, Director Ejecutivo del departamento de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, abogó en su ya legendario artículo The Dog and the Frisbee (“El perro y el frisbee”) a favor de la simplificación de los reglamentos con el fin de tener bajo control la complejidad del sector financiero.

Además, para lidiar con el sector, se produjo una multiplicación de las autoridades reguladoras competentes debido a que, en los años 80, lo vivimos con el Bundesbank (Banco Federal Alemán) y el BaKred (hoy día BaFin). En la actualidad, hay más competencias que se reparten entre distintas partes responsables, que normalmente acaban por solaparse: la Autoridad Europea Bancaria (AEB) desea intervenir, y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (AEVM), que controla los mercados de capital, junto con la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) como parte de la Autoridad Europea de Supervisión Financiera (AESF), deben garantizar la supervisión del sistema financiero en la UE. Y la cadena no tiene fin. Los ministros de hacienda de la UE han decidido que, en el marco de la unión bancaria en el BCE, se agregue el control directo de los bancos del Espacio Europeo. Justo cuando se acordó esto último, el comisario de mercado interior de la UE presentó una nueva “Autoridad de liquidación para bancos de la UE” que no tendrá sede en el BCE.

La consecuencia negativa para el cambio de los bancos radica en que los mecanismos de notificación y cumplimiento regulatorios requieren, hoy en día, más trabajadores que el desarrollo del producto. Las regulaciones no solamente constituyen el principal generador de costes, sino que también arrebatan al mercado financiero las energías necesarias para innovar y acometer su propia renovación. Por eso, no es sorprendente que esté disminuyendo la buena disposición hacia las innovaciones.

Esta fuerza creativa ignorada en el sector financiero tiene validez únicamente en el sector financiero tradicional. En los últimos años han aparecido numerosas empresas fuera del sector bancario que se han abierto un hueco en la cadena de valor entre bancos y clientes. Entre ellas se encuentran conocidas empresas de Internet y telecomunicaciones, tales como Google, Paypal, Amazon o NTT, así como muchas Startups.

Mi actividad presenta la ventaja de poder moverme tanto en el mundo de los asesores financieros y sus clientes como en el de la Next Generation Finance. Tras ellos se encuentran numerosas mentes creativas que en su día fueron importantes en el sector financiero y que han renunciado, dado que ya apenas se logran cambios desde dentro. Muchas de estas nuevas mentes ven en este incremento de la regulación del mercado financiero una oportunidad para nuevos nichos de mercado.

Dado que Basilea III presenta la tendencia de agravar los problemas de financiación para las empresas a través de los bancos, surge la oportunidad para aquellas plataformas que facilitan la financiación directa entre entidades que prestan dinero y empresas. En Alemania, este modelo conocido como crédito Peer-to-peer (financiación colectiva) o crowdfunding está aún en fase de desarrollo. En EE. UU., las financiaciones asociadas a este modelo superan la barrera de los mil millones. Para los inversores institucionales es una nueva clase de inversión y para los bancos una posibilidad de ofrecer un servicio adicional a sus clientes. Precisamente Google se ha asegurado una participación estratégica en Lending Club, la mayor bolsa de crédito de los EE. UU.

En los próximos meses y años se comprobará si los bancos se dejan llevar por la dinámica creada por nuevos competidores o si permanecen inmóviles ante los mecanismos de freno de las regulaciones.