Cloud banking: regreso al futuro


Recientes estudios de mercado, realizados por la reconocida consultora Gartner y publicados a finales del pasado año, pusieron de manifiesto la relevancia que está adquiriendo el cloud computing. No es únicamente el Toptema del 2011 para los estudiosos de Gartner sino que domina además los foros de discusión de los responsables de IT. El recurso tecnológico mediante el cual elementos como aplicaciones, procesadores y capacidades de almacenamiento e incluso el centro de cálculo cuelgan de una nube en Internet se ha convertido en tema estrella. Este tema será también un gran tema de debate en los sectores financieros y de seguros del país.

Una tendencia que se está abriendo paso motivada, sobre todo, por las ventajas del ahorro de costes que supone y porque, según los expertos, constituye la evolución  lógica en el sector bancario. De hecho, algunos estudios han señalado que cerca del 75% de las organizaciones bancarias utilizarán Enterprise Cloud Computing, es decir, soluciones híbridas de cloud computing. Esto conllevaría la existencia de un entorno de cloud privado y otro entorno algo más abierto, al que cualquier empleado podría tener acceso.

La cuestión en boca de todos, en los foros internacionales, es si el cloud computing constituye una apuesta válida para los bancos. Y la respuesta es afirmativa. Tanto es así, que existe un antecedente en banca, allá por los años 70 y 80, en los que existía un ordenador central, como un terminal Mainframe, cuya ventaja principal era el ahorro de tiempo pues tenía todos los datos centralizados. La gran diferencia con el Cloud Computing actual se basa en que la información “colgada” en el cloud no requiere de una infraestructura propia o costosa.

El potencial que el cloud computing puede aportar al sector bancario es muy elevado. Y las ventajas también. La principal es la flexibilidad que una tecnología de estas características puede proporcionar a la banca. El cloud computing supondría, entre otros aspectos, un “pago por uso”, es decir, una manera de racionar y gestionar el servicio de red de los ordenadores de una manera más eficiente y más flexible. Ello permitiría al banco establecer sus costes de forma variable y ajustarlo a sus propias necesidades reales, según baremos como las ganancias que consiguiera, el número de clientes que tuviera esa entidad, etc. Es decir, aumentar o disminuir la capacidad de utilización del cloud computing pagando sólo por el servicio que se utilizara. Incluso la planificación de los distintos departamentos será mucho más flexible y ágil, lo que supone una ventaja añadida.

De momento, esta tendencia solamente ha comenzado a dar sus primeros pasos, sobre todo porque, en la actualidad, y aunque se ha visto la necesidad de la migración hacia este tipo de tecnología, aún quedan por resolver algunos interrogantes antes de poner en marcha todo este proceso. La necesidad imperiosa de una legislación y una regulación (fundamentalmente, para los bancos europeos), que ajuste y establezca cómo actuar en caso de catástrofe o desastre, qué protocolo es el más adecuado en determinados momentos o las auditorías a las que estarán sometidos los proveedores, hace que de momento resulte complicado garantizar que el sector bancario utilice un cloud computing abierto y transparente.

De ahí el requisito urgente de que sean los proveedores de estos servicios los que inviertan todos sus esfuerzos y recursos económicos en ofrecer entornos flexibles en el uso tanto de soluciones internas como externas. Cuanta más confianza se genere, mayor será la oportunidad de utilizar entornos menos privados basados en dos valores fundamentales: la integridad y la disponibilidad de la privacidad de la información. Dos requisitos indispensables para que la confidencialidad de los datos de los usuarios no se resienta independientemente de la tecnología que se utilice.

Alex Durán
Senior Architect del Grupo GFT